viernes, 30 de agosto de 2013

Dieta y Alzheimer: una relación peligrosa

En un reciente libro, el neurólogo estadounidense David Perlmutter recopila investigaciones que muestran cómo el alto consumo de gluten, azúcar y otros alimentos puede incidir en la aparición de un mal neurodegenerativo que en Chile es la quinta causa de muerte.

por Marcelo Córdova/

Hace algunos años, los padres de una niña llamada Karen acudieron al neurólogo estadounidense David Perlmutter porque la menor presentaba problemas recurrentes al razonar y concentrarse, lo que afectaba su desempeño en matemáticas y lenguaje. Era un enigma: los exámenes no revelaban anomalías evidentes en la anatomía del cerebro de Karen y, además, sus padres relataban que había períodos en que la niña se desempeñaba con normalidad.


Esto último llamó la atención de Perlmutter, porque indicaba que el cerebro estaba sano y que había algo más que lo afectaba de tanto en tanto. Considerando que la dieta es uno de los factores que más varía, ordenó varios tests. Estos detectaron intolerancia al gluten, proteína presente en cereales como el trigo y que en algunas personas activa una reacción que les impide procesar alimentos como pan y pastas (en Chile, 70 mil personas registran este cuadro que genera diarreas prolongadas y malestares similares al colon irritable).

Lo curioso es que Karen no tenía problemas estomacales, pero aun así Perlmutter aconsejó sacar el gluten de su dieta. En dos semanas, sus funciones cognitivas mejoraron y al terminar el año era de las mejores de su curso. Estos intrigantes resultados llevaron a Perlmutter a especializarse en la relación dieta-cerebro y a integrarse al Colegio Americano de Nutrición.

Su experiencia se resume en su libro Grain Brain, que se publicará a fines de septiembre y que recopila estudios que muestran cómo el azúcar, los hidratos de carbono y el gluten pueden incidir en la aparición del Alzheimer, trastorno neurodegenerativo que, según un estudio de la U. de Washington, es la quinta causa de muerte en Chile. “Como neurólogo que trata con pacientes y sus familias y como cuidador de un padre que sufre este mal, la obsesión por crear drogas que no han dado ningún resultado es frustrante, porque los estudios indican que el 54% de los casos podría evitarse si se prestara atención a factores modificables como la dieta”, escribe en el portal Daily Beast.

La postura es compartida por Paul Nussbaum, neurosicólogo de la U. de Pittsburgh y consejero de la Fundación de Alzheimer de EE.UU.: “El estilo de vida es crítico para nuestra salud cerebral y los estudios indican que ciertos mecanismos ambientales ayudan a que el cerebro se defienda de la expresión de la enfermedad”, comenta a Tendencias.

1. La amenaza del gluten


A nivel general, se estima que uno de cada 10 celíacos (término usado para quienes son intolerantes al gluten) desconoce que presenta esta condición, que ha ido en aumento. Es lo que arroja un estudio de Clínica Mayo (EE.UU.), que comparó muestras de sangre tomadas en 1948 con muestras actuales y reveló que los jóvenes celíacos son cuatro veces más que a mediados del siglo XX. Una explicación la da el cardiólogo William Davis en su libro Wheat Belly: el trigo ha sido modificado genéticamente para tener 50 veces más gluten. ¿El motivo? Su proteína gliadina es un opiáceo que estimula el apetito.

Si bien se creía que la intolerancia al gluten era sólo un cuadro gastrointestinal, la U. de Sheffield (Gran Bretaña) demostró que puede manifestarse sólo con problemas de memoria y sin malestares estomacales, tal como ocurrió con Karen. En el reporte, el doctor Marios Hadjivassilou dice: “A veces, este cuadro puede ser exclusivamente neurológico”.

Otros estudios de Hadjivassilou relacionan al gluten con lesiones en la sustancia blanca del cerebro (compuesta por fibras nerviosas cubiertas de mielina, sustancia que las protege y cuya destrucción induce el Alzheimer) e inflamación de los vasos sanguíneos cerebrales que inciden en la demencia. Perlmutter explica que la sensibilidad al gluten se genera por una alta liberación de anticuerpos ante la presencia de la gliadina. Esto origina una respuesta inflamatoria a nivel cerebral mediada por citocinas, químicos que han sido ligados al Alzheimer y al Parkinson.

“Al cerebro no le gustan estas reacciones inflamatorias y no responde bien a las citocinas. La razón es que estos agentes terminan dañando las mitocondrias, los generadores de energía de las células. Cuando esto ocurre, se genera un suicidio celular”, dice Perlmutter.

2. Carbohidratos versus grasas buenas


En 2012, investigadores de la Clínica Mayo revelaron que las personas de mayor edad con dietas altas en “grasas buenas” (nueces, paltas o aceite de oliva) y bajas en carbohidratos (pan, golosinas o alimentos procesados, como papas fritas) tienen 42% menos de riesgo de deterioro cognitivo. “El cerebro está compuesto en 60% por grasa; de hecho, es la zona más grasosa del organismo. Las grasas buenas resguardan los conductos nerviosos y hacen que la información se propague rápidamente entre las neuronas”, explica Paul Nussbaum.

Por el contrario, los expertos coinciden en que los alimentos procesados y las grasas trans (helados, alimentos fritos, snacks) reducen la actividad sináptica de las células nerviosas. Así lo muestra un estudio con ratas de la U. Tecnológica Curtin (Australia), cuyos expertos descubrieron que estas grasas dañan el recubrimiento de los vasos sanguíneos cerebrales, permitiendo la entrada de la proteína amiloide, que se acumula en las células nerviosas, inflamándolas y provocando su deterioro y posterior muerte.

Según Nussbaum, los alimentos ricos en ácidos grasos Omega-3 (salmón, nueces, aceite de soya) tienen el efecto opuesto: nutren las células cerebrales y “potencian su actividad eléctrica”. Por esto, Perlmutter suele someter a sus pacientes a una dieta compuesta entre 50% y 60% por “grasas buenas”.

La acción del azúcar


Los altos niveles de azúcar en la sangre se ligan con el riesgo de demencia senil. Lo demostraron expertos de la U. de Washington, quienes siguieron a 2.000 adultos mayores por casi siete años y establecieron que esta afición por lo dulce eleva en 18% el riesgo de Alzheimer.

Según Nussbaum, por este motivo, los crecientes índices de diabetes, patología caracterizada por alta presencia de azúcar en la sangre, son “un problema cada vez más alarmante para nuestra salud cerebral” (en Chile los diabéticos suman 1,2 millones y la enfermedad es la séptima causa de muerte en el país).

Incluso, Perlmutter afirma que la diabetes duplica el riesgo de Alzheimer. Los carbohidratos complejos, presentes en alimentos como pastas y pan, son convertidos por el organismo en azúcar, compuesto que según la Clínica Mayo deteriora los vasos sanguíneos cerebrales e incentiva el desarrollo de placas de amiloides. Además, eleva la producción de radicales libres, subproductos del proceso metabólico que dañan el hipocampo, centro cerebral de la memoria y una de las primeras víctimas del Alzheimer.

Alimentos beneficiosos


NUECES:

Junto a las almendras poseen altos niveles de ácidos Omega-3.

ARANDANOS:

Sus polifenoles son antioxidantes que combaten las inflamaciones.

CHOCOLATE:

Los flavonoides han probado reducir el avance del deterioro cognitivo.

Fuente: Diario “La Tercera”.

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